El Wartburg fue fundado en 1067 por Ludwig der Springer sobre una cresta boscosa que domina Eisenach. Durante los siguientes 900 años acumuló todo aquello que forjó la historia medieval alemana: el Concurso de los Minnesänger de 1207 (aquel que Wagner dramatizó en *Tannhäuser*), el matrimonio infantil y breve vida de Santa Isabel de Hungría (1211–1228), y —lo más destacado— el refugio de Martín Lutero durante diez meses en 1521–1522 tras la Dieta de Worms, período durante el cual tradujo el Nuevo Testamento del griego al alemán.
La Biblia de Lutero es la razón por la cual el idioma alemán existe en su forma moderna. Trabajó en una celda austera y estrecha que aún puede visitarse: una pequeña sala de vigas de madera con un escritorio, un tintero y vistas al bosque de Turingia. Los nacionalistas alemanes del siglo XIX convirtieron todo el castillo en un santuario dedicado a Lutero, la Reforma y la unificación alemana, restaurándolo intensamente entre 1838 y 1890.
Hoy en día, el Wartburg alberga tres tesoros que justifican la visita: el Palas románico del siglo XII (el Gran Salón, con la mejor arquitectura cortesana medieval de Alemania), la Habitación de Lutero (intacta desde que trabajó allí) y la Sala de los Minnesänger, decorada con frescos de Moritz von Schwind en la década de 1850. La UNESCO lo declaró Patrimonio Mundial en 1999 como monumento excepcional del período feudal alemán y de la Reforma luterana.